viernes, 11 de mayo de 2007

ANÁLISIS KIRCHNERISTA DEL PROBLEMA DOCENTE EN SANTA CRUZ: ENTRE STEVEN SPIELBERG Y LA INCOHERENCIA

Cuando el pasado miércoles seguíamos atentos lo que sucedía con el conflicto docente en Santa Cruz y veíamos los crudos enfrentamientos entre manifestantes y la policía local, era inevitable no sorprenderse cuando el ministro Aníbal Fernández señalaba que "no hubo heridos; [los docentes] se autohieren para dar lástima". Uno miraba y volvía a mirar las noticias y no podía creer que fuera cierto lo que decía el ministro.
Sin embargo, si se contextualizaba la cuestión, parecía ser lógico comprender las expresiones del jefe de Gabinete. El gobierno kirchnerista ha demostrado ser un gran aficionado a la ciencia ficción y ello quedó ya probado en el mes de febrero, cuando muchos creíamos asistir al estreno del último film de Steven Spielberg “Índice inflacionario de enero: 1.1 %”, en el que tan bien se supieron combinar lo tragicómico con el género del terror. Pero esta vez, con el conflicto docente santracruceño, no quedaba más que sorprenderse del virtuosismo con el cual era llevado a la pantalla mayor del kirchnerismo un suceso real de violencia. Sorprendía que fueran sólo fruto de la ficción las imágenes y las referencias a la veintena de personas heridas. Cuando se observaban las imágenes del conflicto y luego se escuchaban las declaraciones de Aníbal Fernández uno podía pensar que, en realidad, miraba la sección de espectáculos del noticiero y no la de política nacional.
Lamentablemente, cuando uno pensaba que la Argentina podía ilusionarse con ser un firme candidato a obtener el Oscar a los mejores efectos especiales para el año venidero, Aníbal Fernández califica de desmedida la represión policial y carga sus tintas sobre el gobernador Sancho. Y con esta actitud, nos lleva nuevamente a un lugar que parece ser cada vez más común cuando se escuchan las versiones oficiales del gobierno: la duda de saber qué versión se corresponde con la realidad y cuál no. Que el gobierno nacional sea aficionado al género de la ciencia ficción no es algo que sea per se censurable; sí lo es que intente hacernos vivir sumergidos en ella.
En este mismo conflicto docente aparece una segunda cuestión que no me parece menos relevante y que patentiza la incoherencia permanente en el andar de este gobierno. Kirchner, con la habitual elegancia y erudición que lo caracteriza, tildó a los manifestantes de “patoteros”. La dureza de este calificativo empleado por el presidente para con sus comprovincianos despierta grandes sorpresas y sospechas. Justamente la dureza que se esperaba en las declaraciones del presidente con motivo de los grotescos acontecimientos del 17 de octubre protagonizados por sus “compañeros” y socios de la CGT, no fue para nada escatimada por el propio Kirchner en relación a los maestros.
Pero la actitud que asume al día siguiente el presidente, al pedir la renuncia al gobernador Sancho, demuestra que a sus pasos de gobierno los guía, además del clientelismo y el populismo, la más absoluta incoherencia. Del mismo modo que para el ministro Fernández los manifestantes pasaban de ser “dobles de escenas de riesgo” a víctimas de una verdadera represión policial en sólo cuestión de horas, para el presidente los docentes dejaban de ser “patoteros” para convertirse en legítimos defensores de sus derechos fundamentales.
¿Cómo puede leerse esta actitud del presidente? Si es cierto que los manifestantes se comportaron como patotas y, por ende, actuaron por las vías de hecho, ¿cómo puede entonces comprenderse el apoyo posterior de Kirchner? ¿Sería acaso avalar explícitamente las vías de hecho para mantener un orden constitucional? Si la respuesta fuese afirmativa el presidente estaría vapuleando las instituciones políticas. Si, en cambio, es cierta la segunda versión del presidente y los docentes deberían haber sido desde el principio protegidos por el gobierno y no tildados de patoteros, el presidente sería incoherente y se comportaría irracionalmente.
La pretensión camaleonezca del gobierno por intentar adaptarse permanentemente a la opinión pública e improvisar a cada instante en materia discursiva, tiene precisamente el alto costo de la incoherencia. Uno no deja de preguntarse si esta actitud del gobierno es un intento de burla a la ciudadanía, es la constatación de la inexistencia de un plan de gobierno o si, en realidad, se trata de que ciertas alas del gobierno nacional padecen esquizofrenia. Lo primero es detestable, lo segundo preocupante y lo tercero patológico. Que los manifestantes puedan haberse excedido o no al momento de reclamar por el aumento salarial puede ser discutido largamente e incluso debería asumirse frente a ello una actitud desprejuiciada y que deje de ver siempre a los manifestantes como víctimas del sistema. Lo que no puede tolerarse es que el gobierno siga manejándose con semejante incoherencia en cuestiones tan fundamentales y que siempre acomode los pasos a seguir en la gestión a lo que dicte cada momento.
No puede caber la menor duda que, con la actitud del gobierno frente a los índices inflacionarios y con las declaraciones del ministro Fernández y del presidente frente al conflicto docente, el oficialismo apuesta todas sus fuerzas no sólo a la carrera presidencial de octubre sino también a marzo próximo para al entrega de los Premios de la Academia. Asusta lo que queda por ver en cartelera en un año electoral. Por los adelantos que venimos observando en los anuncios kirchneristas puede ya pronosticarse más ciencia a ficción, suspenso y tragicomedia. Esperemos sólo no tener que ver en la pantalla mayor oficialista películas de terror y de XXX, en la que la ciudadanía haga de Anna Nicole Smith.

1 comentario:

estudios de derecho dijo...

Esta gente no tiene derecho de actuar de esta forma!!